Camino sin brújula, los ojos cerrados.
Mis pies descalzos pisan la tierra calcinada
que me recoge en su remanso.
La adorna el sol, se moja solo cuando caigo,
guarda mi silueta, madre-gestante en mi letargo.
Renacimiento aplazado a destiempo.
A mis espaldas la luz del ocaso
se afana en filtrarse sobre los prados,
me detengo cansada.
Mariposas blancas aletean un instante fugaz entre mis brazos
ausentes.
La vida dejó al amor en un ermitaño regazo.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain
Mis pies descalzos pisan la tierra calcinada
que me recoge en su remanso.
La adorna el sol, se moja solo cuando caigo,
guarda mi silueta, madre-gestante en mi letargo.
Renacimiento aplazado a destiempo.
A mis espaldas la luz del ocaso
se afana en filtrarse sobre los prados,
me detengo cansada.
Mariposas blancas aletean un instante fugaz entre mis brazos
ausentes.
La vida dejó al amor en un ermitaño regazo.
Olga Sain
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Texto publicado con autorización de su autora
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