en sombras silentes, se perdió lo que fuimos.
Hoy somos palabras cansadas,
sepultadas
en sueños rotos
que, alguna vez latieron en nuestros corazones.
La vida nos fue apagando
en un mundo de ayeres
y lentamente nos perdemos en la bruma del olvido.
Nuestros nombres se derriten
como cera
de una vela
que se resigna a apagarse.
Y bajo su luz mortecina
aún estamos nosotros,
cada vez más lejos
cada vez más perdidos
y caminando por la vida con los ojos sin luz.
Como los míos.
Olga Maria Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
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