Dependencia total hacia el agua
El agua es un alimento verdaderamente extraordinario y esencial para la vida. El agua regula nuestra temperatura, lubrica nuestras articulaciones y contribuye de forma decisiva a dar estructura y forma al cuerpo mediante la rigidez que proporciona a los tejidos. Además, una correcta hidratación contribuye a mantener la piel tersa y joven.
Aunque la pérdida de agua puede exceder a menudo al consumo, su contenido en el cuerpo permanece relativamente estable a lo largo del tiempo y, en caso de desequilibrio, una nueva ingesta de líquido permite ajustar en poco tiempo el nivel de agua que nuestro cuerpo necesita. Un adulto, en un ambiente sin exceso de calor y humedad, requiere unos dos litros y medio de agua al día, que obtiene de tres fuentes: del líquido que ingiere, de los alimentos que consume y del que produce dentro del organismo como consecuencia del metabolismo. Las frutas y vegetales son los alimentos que más agua contienen.
Por dónde se elimina el agua
El agua del cuerpo se pierde a través de la orina, la piel, la respiración y la defecación. Por la orina excretamos algo más de un litro diario. Cuantas más proteínas incluya una dieta, más agua se requerirá para expulsar los desechos que se generan. Otra pequeña cantidad de agua se pierde por la piel, en forma de sudor producido por las glándulas sudoríparas. La sudoración es el sistema de refrigeración más importante que tiene el organismo. Por último, la pérdida de agua a través de la respiración y de las heces asciende aproximadamente a 0,4 litros.
Beber sin esperar a la sed
Con el sol y el calor sudamos más y, consecuentemente, la pérdida de líquidos se incrementa. No debemos esperar a sentir sed para tomar agua: la boca seca ya es síntoma de deshidratación, y el instinto de beber se pierde con la deshidratación progresiva. Por ello, no hay que confiar en la sed y conviene beber regularmente de 8 a 10 vasos a lo largo del día. Calor, humedad y ejercicio físico son las condiciones idóneas para que aparezca un cuadro de deshidratación.
Síntomas de la deshidratación
Sed, sequedad de las mucosas y de la piel, sensación de ardor en el estómago, somnolencia, cansancio extremo, y si es más grave, ojos hundidos, pulso acelerado, fiebre y retención de líquidos.
Fuente: http://www.vanguardia.com.mx

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