Triste se despide la luna porque ya nadie la voltea a ver en su huída, porque los niños esperan que se guarde para salir a correr al calor de los rayos del sol, porque su luz no es tan intensa como la del día y la noche es vigilante muda de las acciones de amor, donde nadie ve, donde nadie escucha, como si no ocurrieran, como si fueran sucias, cuando lo más hermoso que existe, así, triste, está mi corazón en la nostalgia de la soledad.
Sola crece la flor en el desierto, llenando de un único color el café de la arena que va formando dunas, queriendo defenderse de las inclemencias del tiempo, hasta que inevitablemente muere de sed tras haber luchado como una guerrera, así, sola, llegó mi alma al desierto de tu corazón, y por más que fui valiente y soporté los embistes de tu amargura, fui muriendo de apoco hasta estar ahora apenas con un leve respiro para sobrevivir.
Llorando está la pequeña niña que se ha quedado sola tras un abandono, queriendo comprender las prisas del mundo en el que ahora debe aprender a vivir, las lágrimas impiden que pueda ver que siempre hay una esperanza, así quedó mi alma tras tu partida, llorando sin consuelo y sin hogar, sin encontrar, hasta la fecha, la esperanza que hace falta para seguir adelante, porque sin ti me he quedado sin nada y asustada.
Vacía encuentro la existencia, no puedo ni quiero olvidarte, tus recuerdos son lo único que me queda y de lo que me aferro para poder respirar y seguir con este despojo de vida que me ha quedado tras amarte con todo lo que soy, sin haber logrado ni siquiera abrir una pequeña ventana en tu corazón, vacía mi habitación, mi vida, mi alma, mi futuro improbable, vacía mi esperanza, rota, destrozada, sin ti, mi gran y único amor.
BR

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