que él no sabe nada del otoño,
que las hojas de las plantas
que germinan en su suelo
no se secan ni alzan vuelo
con el viento.
Qué él solo sabe
de olas suaves y tormentas,
de brisas calmas y huracanes,
de la luna que lo alumbra,
de las estrellas que lo celan
y del sol que lo calienta.
Qué tampoco sabe nada
de estaciones ni del tiempo,
tan solo de mi piel
que se moja entre sus aguas
y del amor con que mis ojos
lo contemplan.
María Elena Astorquiza V.

Publicar un comentario