Tienes que recordar esto: a través de tu control distraes tu energía. La mente es el gran dictador, trata de controlar todo, y si no puede controlar algo, lo niega diciendo que no existe.
Haz esta meditación todas las noches antes de acostarte:
Siéntate en la cama, apaga la luz y no dejes ningún pendiente, ya que después de la meditación debes dormir de inmediato. No hagas nada; no deberás permitir al “hacedor” después de la meditación. Simplemente relájate y ve a dormir, pues además el sueño llega solo, no puedes controlarlo.
Hay una cualidad del sueño que es casi como la meditación, (el silencio), simplemente llega. Es por eso, que mucha gente sufre de insomnio: incluso tratan de controlar eso, y de ahí viene el problema. No hay nada respecto a que puedas hacer algo. Sólo puedes esperar; sólo puedes estar de una manera relajada y receptiva.
Después de la meditación simplemente relájate y acuéstate para que haya continuidad y la meditación siga fluyendo dentro de ti. La vibración estará allí toda la noche. En la mañana, cuando abras los ojos, sentirás que has dormido de una manera totalmente diferente. Ha habido un cambio cualitativo, no fue sueño: algo más profundo que el sueño, ha estado presente. Has estado bajo una cascada de algo que no sabes qué es ni cómo categorizarlo. La meditación es muy sencilla. Siéntate en la cama, relaja el cuerpo, cierra los ojos e imagina que estás perdido en una región montañosa. Es una noche oscura, sin luna en el cielo y está muy nublado. No puedes ver ni una sola estrella, está totalmente oscuro, ni siquiera puedes verte las manos. Estás perdido en las montañas y es muy difícil encontrar el camino. A cada momento hay peligro de caer en un valle, en un abismo, y desaparecer para siempre.
Entonces vas a tientas con mucho cuidado. Estás totalmente alerta porque el peligro es tremendo y cuando el peligro es tremendo. La imagen de la noche oscura y la región montañosa es sólo para crear una situación muy peligrosa. Estás muy alerta, incluso si cae un alfiler serás capaz de escucharlo. Entonces de repente llegas al borde de un precipicio. Puedes sentir que no hay camino hacia el frente y no puedes saber qué tan profundo es el abismo. Entonces coges una roca y la tiras al abismo para ver qué tan profundo es.
Quédate escuchando atentamente en espera del ruido de la roca golpeando otras al caer. Quédate escuchando, escuchando, escuchando. No oyes nada, es como si fuera un abismo sin fondo. Con sólo seguir escuchando surge un miedo terrible dentro de ti y tu estado de alerta se enciende aún más.
Déjate llevar por tu imaginación. Tiras la roca y esperas. Permaneces escuchando; esperas con el corazón latiendo y sin respuesta. El silencio lo abarca todo. Duérmete en ese silencio absoluto.
Osho

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