mírate fijamente, con insistencia,
con la experiencia, observa el ánimo;
mírate como te llamo cada día
con la inocencia tardía de saberte vulnerable,
y el orgullo de saberte entero.
Mírate desde mi desvelo y el tuyo,
desde los sueños que acunamos juntos,
y los que acunamos solos.
Mírate con el borde de tus párpados casi cerrados,
como aun soñando.
Lo posible se alcanza, lo imposible se crea, todo llega.
Mírate al espejo con mis ojos y ve por vez primera,
que no estás solo.
Olga Maria Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
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