las luces se quedan dormidas
y caen
como pequeños cristales
sobre el corazón;
como brumas,
como sangre de sol
y me inclino
para no clavarle a nadie más
mi espíritu.
A veces
no hay nada en el aire
más que mis ojos.
Olga Maria Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain

Publicar un comentario