Guardé tu miel, dulce abrigo, bajo mi piel.
A tu mirada la atesoré en el alma.
Me recosté sobre tus labios volcánicos que, con su ritmo incesante,
tántrico, elevaron el calor de mi piel hasta rozar todos los paraísos.
Tu caída fue mar,
viento,
cielo,
sellando el susurro final de tu fuego
Olga Maria Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga Maria Sain
A tu mirada la atesoré en el alma.
Me recosté sobre tus labios volcánicos que, con su ritmo incesante,
tántrico, elevaron el calor de mi piel hasta rozar todos los paraísos.
Tu caída fue mar,
viento,
cielo,
sellando el susurro final de tu fuego
Olga Maria Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
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