y mis labios tiemblan, tiembla la voluntad, se tambalea el deseo.
Y no es una palabra, intenta ser un verbo conjugado en espiral.
Y no es un verbo, es un nombre tallado con vaho hacia el sol.
La mano busca gestos que deletreen
la confusión como un baile de los dedos en mi pelo,
extasiados en la lenta torpeza de ir cuajando
el último tramo de un largo camino.
El espejo me piensa cuando no me miro en él
quizá tenga un mensaje.
Ayer marqué sus esquinas con un pincel entintado en negro
y resbaló la tinta como oscuras lágrimas de una negación.
Pero... la calma doliente se evapora
en una inmensidad que se adueña del deseo.
Una locura intacta para volver sobre el destino.
Olga Maria Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga Maria Sain
Y no es una palabra, intenta ser un verbo conjugado en espiral.
Y no es un verbo, es un nombre tallado con vaho hacia el sol.
La mano busca gestos que deletreen
la confusión como un baile de los dedos en mi pelo,
extasiados en la lenta torpeza de ir cuajando
el último tramo de un largo camino.
El espejo me piensa cuando no me miro en él
quizá tenga un mensaje.
Ayer marqué sus esquinas con un pincel entintado en negro
y resbaló la tinta como oscuras lágrimas de una negación.
Pero... la calma doliente se evapora
en una inmensidad que se adueña del deseo.
Una locura intacta para volver sobre el destino.
Olga Maria Sain
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