hoy la necesito para sujetar el llanto,
intermitencia que rueda del torrente a la sequía
y del dique a la indómita riada.
No son solo mis lágrimas,
es el lamento que traspasa las lindes de mi vida
desde otros quebrantos
y arrastra la ceniza de mi propio dolor:
mutismo de abierta tumba para que los rosales aniden en ella.
Se escucha un rumor de campanas que ya no suenan,
el eco, sin embargo, las transporta hasta mi hogar,
hacia una espera que muere lentamente tras la puerta
cuando quien llama
deja de insistir
y me acurruco aguardando
su regreso que quizá jamás ocurra.
Olga Maria Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga Maria Sain
intermitencia que rueda del torrente a la sequía
y del dique a la indómita riada.
No son solo mis lágrimas,
es el lamento que traspasa las lindes de mi vida
desde otros quebrantos
y arrastra la ceniza de mi propio dolor:
mutismo de abierta tumba para que los rosales aniden en ella.
Se escucha un rumor de campanas que ya no suenan,
el eco, sin embargo, las transporta hasta mi hogar,
hacia una espera que muere lentamente tras la puerta
cuando quien llama
deja de insistir
y me acurruco aguardando
su regreso que quizá jamás ocurra.
Olga Maria Sain
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