en la oscuridad de las palabras,
en lo triste de toda mi tristeza,
en cada dolor que no te nombra,
en el desasosiego de mis días,
en las heridas que le has hecho a mis labios,
en toda la ternura que dejaste en mi cuerpo,
en el infierno de no tenerte,
en las canciones que saben herirme con suaves puñales,
en tu recuerdo con aroma a rosas,
en el tormento de la luna sobre mis versos,
en el golpe certero del mar,
en mi lamento solitario de ti,
en cada gota de lluvia que es mi sangre,
en la unión de iglesias que se derrumban en tu ausencia,
en las letras que dejaron de existir cuando te fuiste,
en todos los dientes que se ocultan en las noches,
en las horas invertidas de nuestros relojes,
en el terrible atardecer sin tu risa cantarina...
Estás impreso debajo de mi piel.
Ahora, que estoy desnuda de temores,
pertenezco a la miel que existe en tu boca,
esa que mata de placer,
cuyas palabras me elevan y me habitan.
Olga Sain
©Derechos Reservados
en lo triste de toda mi tristeza,
en cada dolor que no te nombra,
en el desasosiego de mis días,
en las heridas que le has hecho a mis labios,
en toda la ternura que dejaste en mi cuerpo,
en el infierno de no tenerte,
en las canciones que saben herirme con suaves puñales,
en tu recuerdo con aroma a rosas,
en el tormento de la luna sobre mis versos,
en el golpe certero del mar,
en mi lamento solitario de ti,
en cada gota de lluvia que es mi sangre,
en la unión de iglesias que se derrumban en tu ausencia,
en las letras que dejaron de existir cuando te fuiste,
en todos los dientes que se ocultan en las noches,
en las horas invertidas de nuestros relojes,
en el terrible atardecer sin tu risa cantarina...
Estás impreso debajo de mi piel.
Ahora, que estoy desnuda de temores,
pertenezco a la miel que existe en tu boca,
esa que mata de placer,
cuyas palabras me elevan y me habitan.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain

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