el día muestra rumbos quemados.
¿El morir cuajará en honda ternura?
El leve roce de un bálsamo cautivo
resbala por la piel que tiembla anudando los ojos al ocaso.
Abrazos de despedida inexistente,
de bienvenidas que no llegan
y se escapan a un limbo escarchado.
Niña en mis brazos cuando te sueño
tus inmensos ojos no despertaron junto a mí.
Abrieron su locura, su amor entrecortado
interrogando a las noches
perdiéndose en los abismos y ermitaños
buscaron el último retorno donde acampar.
Niña en mis brazos, el dolor hizo inservibles
los silencios consensuados y torpes las palabras.
Hoy solo acaricio lo invisible
para unir nuestras manos en un lienzo fronterizo.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain
¿El morir cuajará en honda ternura?
El leve roce de un bálsamo cautivo
resbala por la piel que tiembla anudando los ojos al ocaso.
Abrazos de despedida inexistente,
de bienvenidas que no llegan
y se escapan a un limbo escarchado.
Niña en mis brazos cuando te sueño
tus inmensos ojos no despertaron junto a mí.
Abrieron su locura, su amor entrecortado
interrogando a las noches
perdiéndose en los abismos y ermitaños
buscaron el último retorno donde acampar.
Niña en mis brazos, el dolor hizo inservibles
los silencios consensuados y torpes las palabras.
Hoy solo acaricio lo invisible
para unir nuestras manos en un lienzo fronterizo.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain

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