y susurra su caudal de agonía.
Es el viento del sur, dice la madre
desde mis labios para que duerma.
Sin embargo nunca descansa, teme su oscuro silencio,
besa mi piel con lluvia primaveral
-leal mensajera de condolencias
que germinan como rosales blancos en el invernadero-
Sin nombres en su envío,
solo extrañezas, en sus ojos extranjeros rompe el llanto.
Sobre mis hombros tiembla el murmullo
de hojas que al caer rozan mi cabello.
Es el viento del sur, repite la madre
y se aleja despacio apoyada en el vacío.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain
Es el viento del sur, dice la madre
desde mis labios para que duerma.
Sin embargo nunca descansa, teme su oscuro silencio,
besa mi piel con lluvia primaveral
-leal mensajera de condolencias
que germinan como rosales blancos en el invernadero-
Sin nombres en su envío,
solo extrañezas, en sus ojos extranjeros rompe el llanto.
Sobre mis hombros tiembla el murmullo
de hojas que al caer rozan mi cabello.
Es el viento del sur, repite la madre
y se aleja despacio apoyada en el vacío.
Olga Sain
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