Ya no…
Solo un espasmo atraviesa el verbo
de un te quiero olvidado en el lugar del adiós.
Tus iniciales y la huella ceniza que el viento dispersó
Mis manos se anudan acostumbradas al rezo
tus palabras susurran inquietas sobre mi alma que duerme
para no tallar su pena en mi pecho.
La costumbre se adueñó de tu nombre
otra voz viene del océano rompiendo el pertinaz silencio.
El hielo intenta arrancar flores a la primavera.
¿Nombrarte?
Mañana tal vez,
cuando se acerque otra mano que aligere mi torpeza.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain
Solo un espasmo atraviesa el verbo
de un te quiero olvidado en el lugar del adiós.
Tus iniciales y la huella ceniza que el viento dispersó
Mis manos se anudan acostumbradas al rezo
tus palabras susurran inquietas sobre mi alma que duerme
para no tallar su pena en mi pecho.
La costumbre se adueñó de tu nombre
otra voz viene del océano rompiendo el pertinaz silencio.
El hielo intenta arrancar flores a la primavera.
¿Nombrarte?
Mañana tal vez,
cuando se acerque otra mano que aligere mi torpeza.
Olga Sain
©Derechos Reservados
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