Tú, abrazo, yo, luz sobre tu cuerpo.
Tamizadas por una suave llovizna
nuestras miradas se unieron
en la sinuosa orilla del río,
susurraba su corriente
eco en la bóveda de los álamos eran
nuestras voces,
nuestros alientos fundidos.
Apretadas las manos con la promesa no pronunciada
un aleteo palpitando con fuerza
muy lejos del amor, muy lejos,
más acá de la vida, tan cerca.
Unidos en el silencio salpicado de estrellas iluminando mi sueño
-secreto de luz que no se extingue-
y se arroja al espacio con la levedad de un paraíso.
Apoyo mi mano en el hoy solitario,
siento tu piel erizando la mía.
¡Y estás tan cerca sin estar!
Soy una huella que toca tu corazón
cuando te asomas al pasado...
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain
Tamizadas por una suave llovizna
nuestras miradas se unieron
en la sinuosa orilla del río,
susurraba su corriente
eco en la bóveda de los álamos eran
nuestras voces,
nuestros alientos fundidos.
Apretadas las manos con la promesa no pronunciada
un aleteo palpitando con fuerza
muy lejos del amor, muy lejos,
más acá de la vida, tan cerca.
Unidos en el silencio salpicado de estrellas iluminando mi sueño
-secreto de luz que no se extingue-
y se arroja al espacio con la levedad de un paraíso.
Apoyo mi mano en el hoy solitario,
siento tu piel erizando la mía.
¡Y estás tan cerca sin estar!
Soy una huella que toca tu corazón
cuando te asomas al pasado...
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain

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