escucharé dormida su romance.
Un aroma inquieto rondará mi almohada
mientras el pálido sol borra el rocío.
La mirada de madre se ausenta,
no es la muerte, es ese lugar que desconozco
soy yo quien hoy no quiere más caricias en la piel.
El tímido frío del agua sobre mi frente
alivia el dolor donde el amor
se desmaya con su fuego acerado.
Quemaré el llanto, hoy lloraré por mí.
Que nadie lo sepa.
¡ Mujer!
Maquilla tu rostro, sombrea tus párpados,
peina tu cabello, finge sonrisas.
Tal vez te contagies de aquello que simulas.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain
Un aroma inquieto rondará mi almohada
mientras el pálido sol borra el rocío.
La mirada de madre se ausenta,
no es la muerte, es ese lugar que desconozco
soy yo quien hoy no quiere más caricias en la piel.
El tímido frío del agua sobre mi frente
alivia el dolor donde el amor
se desmaya con su fuego acerado.
Quemaré el llanto, hoy lloraré por mí.
Que nadie lo sepa.
¡ Mujer!
Maquilla tu rostro, sombrea tus párpados,
peina tu cabello, finge sonrisas.
Tal vez te contagies de aquello que simulas.
Olga Sain
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