anclada a las raíces extiendes tus ramas aliviando mi tristeza.
Tu abrazo es eco de añoranzas que arranco de mi piel-hogar.
El cansancio detiene el impulso del amor.
Me dejo caer sobre la tierra mientras mis manos,
ajenas a la voluntad, se aferran a las riendas
del desbocado corcel de una ciega devoción.
Mi cuerpo es arrastrado entre piedras
y arbustos plagados de espinos.
¿Mañana? Tal vez caricias,
la embriaguez de un desmayo.
El corazón seguirá latiendo y la esperanza
volverá a ofrecerme la utopía de su ingenuidad.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain
Tu abrazo es eco de añoranzas que arranco de mi piel-hogar.
El cansancio detiene el impulso del amor.
Me dejo caer sobre la tierra mientras mis manos,
ajenas a la voluntad, se aferran a las riendas
del desbocado corcel de una ciega devoción.
Mi cuerpo es arrastrado entre piedras
y arbustos plagados de espinos.
¿Mañana? Tal vez caricias,
la embriaguez de un desmayo.
El corazón seguirá latiendo y la esperanza
volverá a ofrecerme la utopía de su ingenuidad.
Olga Sain
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