que un día desapareciste sin dejar huella
y se abrió la vieja cicatriz para que pudiera desangrarme.
Mi voz no gritó pidiendo ayuda,
el eco respondió mi propia negación.
La tierra se abrió bajo tus pies ante mi deseo
de evitar los peligros de tu camino.
Ahora lamento haber protegido tu torpe
y prematuro vuelo del nido
de mi regazo al entregarte mis alas...
Hoy sujeto un viejo armazón pues mi dolor
fue arrancando una a una las blancas plumas de mi libertad.
Libertad de ti, libertad de mí.
Te amé tanto que la alambrada del destierro destila rencor
y amargura en el arroyo envenenando el agua que calma mi sed.
Olga Sain
©Derechos Reservados
Texto publicado con autorización de su autora
Prohibida su reproducción parcial o total sin la autorización de Olga María Sain
y se abrió la vieja cicatriz para que pudiera desangrarme.
Mi voz no gritó pidiendo ayuda,
el eco respondió mi propia negación.
La tierra se abrió bajo tus pies ante mi deseo
de evitar los peligros de tu camino.
Ahora lamento haber protegido tu torpe
y prematuro vuelo del nido
de mi regazo al entregarte mis alas...
Hoy sujeto un viejo armazón pues mi dolor
fue arrancando una a una las blancas plumas de mi libertad.
Libertad de ti, libertad de mí.
Te amé tanto que la alambrada del destierro destila rencor
y amargura en el arroyo envenenando el agua que calma mi sed.
Olga Sain
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